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Juan Bautista Alberdi (1810-1884)

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Nació en Tucumán el 29 de agosto de 1810. Era entusiasta lector de Rousseau y amigo de Belgrano, quién más de una vez sentó de niño sobre sus rodillas. Estudia música, filosofía y derecho. Actúa brillantemente en el Salón Literario y en la Asociación de Mayo. En 1838 emigra a Montevideo, por propia voluntad y por no tolerar el gobierno de Rosas. Allí ejerce derecho y periodismo. Luego de un largo viaje, se radica en Chile donde abre un estudio de abogado convirtiéndose en el más acreditado jurisconsulto. A la caída de Rosas escribe Las Bases obra cumbre identificada, con el texto y espíritu de la Constitución nacional. Entre los años 1855 a 1862 es diplomático viajero representando a la Confederación ante varios gobiernos europeos y los Estados Unidos. Obteniendo el reconocimiento de nuestra independencia por parte de España. Sostuvo enconados divergencias con Mitre y Sarmiento. Compone su libro La República Argentina consolidada en 1880 y en sus páginas, saluda la unidad definitiva que acaba de conseguirse con la federalización de Buenos Aires. Fallece en Francia, el 19 de julio de 1884 y sus Obras completas llenan ocho gruesos volúmenes y las Póstumas, dieciséis. Entre las últimas se cuenta El crimen de la guerra, escrita en 1870 y vertida al inglés, libro monumental, de perenne vitalidad, que con las Bases harían la reputación de los más altos pensadores europeos y norteamericanos del siglo XIX.

Una página del libro Estudios Económicos donde describe a la sociedad hispanocolonial:

"La América Española fue guerrera -no industrial, ni comercial, ni agricultora,- desde su cuna. Mal poblada, porque lo fue por una nación despoblada ella misma por una guerra de ocho siglos, recibió en herencia orgánica la ignorancia y el desdén al trabajo; el odio a la fe disidente; el amor a la adquisición del oro sin trabajo; el error de que extender los dominios, es decir el suelo de la corona, era extender su poder y su grandeza; el odio a todo extranjero disidente en religión; su comercio y trato, mirado como crimen peligroso para la seguridad de la tierra; el aislamiento como principio de existencia social y garantía de seguridad contra la condición de extranjero y entre las colonias mismas; la falta de caminos, de puentes, de puertos, hechos inaccesibles por sistema de gobierno; grupos de indios salvajes dejados inconquistados en hordas viajeras, para estorbar la comunicación de las colonias, unas con otras; la multiplicidad de los conventos, de los recargos del diezmo y de la mano muerta, de la limosna y la mendicidad, con que la agricultura estaba impedida de medrar; el amor a las fiestas; el vicio y el lujo que traen las fiestas; la táctica de dividir (las colonias) para mejor dominarlas; la predilección dada a los países montañosos de Méjico, Nueva Granada, Quito, Perú, como ricos en minas, en indios capaces de trabajar para sus dominadores ociosos, y propios para vivir aislados del extranjero; el abandono de las tierras orientales de Sud América que veían la agricultura, el pastoreo y el comercio, excluídos y prohibidos, por sistema, para seguridad de la colonia; el temor al trabajo, como causa de enriquecimiento, y a la riqueza del país, como causa de independencia y libertad; el cultivo de la ociosidad y dependencia."

Sábado, 25 de Agosto de 2007 21:47 Luis María Mariano #. Aprendiendo de la Historia

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